Una historia de amor y militancia que la tortura no pudo vencer

En el Día Nacional de la Memoria, Verdad y Justicia, EL INDEPENDIENTE comparte una entrevista con Lucila Maraga y Luis Alberto – Lucho – Gómez, pareja de ex presos políticos durante la última dictadura. Su historia de amor, militancia y convicciones pudo romper rejas y barrotes. A pesar de la tortura, la pérdida de compañeros, hicieron resistencia desde la cárcel, desde donde salieron más fortalecidos en lucha de sus ideales para un país y un mundo más justo.

“Ayer tras largo y tenebroso silencio, Lucho recibió  misiva de su esposa, desde otro penal, y en un tremendo sí a la vida. Cuando en un sobre puede viajar una mujer y su aroma es que los barrotes resultaron vulnerables, las letras no han sucumbido  y los silencios fueron sonorizados en el cantarino torrente del amor”, dice una de las estrofas del poema titulado “De Lucila a Lucho”, escrito en el penal de La Plata, en 1979, por Plutarco Schaller, luego de que Lucho recibiera carta de Lucila, desde el Penal de Devoto, la primera carta que llega a ese penal, desde que se autorizó este medio de comunicación entre un penal a otro, tras las graves denuncias de violación de derechos humanos. Aquella carta daba noticias de todas las mujer detenidas junto a Lucila y Lucho la hizo circular entre todos sus compañeros.

Lucila tenía 23 años, cuando junto con su marido “Lucho”, también de 23 años fueron detenidos ilegalmente de la pensión donde alquilaban, por el operativo clandestino “Comando Libertador de América”, en abril de 1975, y permanecieron detenidos, en el caso de Lucila, hasta octubre de 1982, y Lucho, hasta marzo de 1983. A 42 años, de sus detenciones, después de siete y ocho acho años de torturas y violaciones a sus derechos respectivamente, aún siguen juntos, luchando por sus convicciones, para mantener viva la memoria, por la verdad y por la justicia.

El INDEPENDIENTE: -¿Cómo fue el momento en que fueron detenidos?

Lucho Gómez: Nosotros vivíamos en una pensión frente de Vialidad Provincial, yo estaba vinculado al sindicato Luz y Fuerza y ella vinculada al sindicato de docencia (AMP). Nos detienen en abril de 1975, ya  habían sucedido las primeras detenciones el 23 de marzo, la de los hermanos Brizuela, nosotros fuimos los segundos. Había todo un operativo que empieza en provincia de Buenos  Aires, en marzo del 75, para detener todo lo que es el activismo social, político  y gremial, que deja más de 700 detenidos en todo el país, y termina en diciembre del 75. Cuando nos detienen somos conducidos  en vehículos, sin orden de allanamiento, sin identificación de la fuerza a la que pertenecían. Nos llevan a la delegación de la Policía Federal, que después la identificamos (por la Adolfo E. Dávila). Inmediatamente cuando íbamos en el camino nos atan las manos, nos ponen vendas y entramos a lo  que consideran celda de castigo, y es tortura y tortura, me paralizan la pierna izquierda, aparte de los golpes nos aplican picana. Los varones estaban en un sector, las mujeres en otro. En la visita ocular de la Megacausa fuimos a identificar los lugares y pudimos comprobar y denunciar los hechos que pasaron en cada lugar. Lo grave, es que la Federal era una delegación vinculada al Estado, y que se haya hecho un operativo clandestino. Ellos dicen ya se fue el Comando Libertador de América, pero después logramos comprobar y determinar que había gente de la fuerza que participó en el operativo.

E. I.:-¿Las mujeres qué tipo de torturas recibieron?

LUCILA MARAGA: Lo que nosotros denunciamos en la Megacausa es que además de todo lo físico, los psicológico en el caso de las mujeres se suma los abusos sexuales. En la megacausa se condenó al jefe de ese momento de la Policía Federal, como responsable de estos delitos sexuales que ocurrieron en el lugar. Incluso hay una compañera, Diana Quiroz, que ella pierde a su bebé en todo esto que era la tortura y los abusos. Esto lo remarcamos, porque se logró que estos delitos sexuales se los considere como delito de lesa humanidad, no como se pretendía  que sean un tormento más (…) Incluso, algo muy importante, es que el tribunal, en la resolución en la sentencia, toma estos delitos que sean considerados como violencia de género.

E.I.:-¿Qué los ayudó a sobrevivir ante tanta tortura y humillación?

L.M.: Ir conociéndonos entre nosotras, porque todas las compañeras del país sufrimos lo mismo. Por eso decimos que no han sido cosas aisladas, sino un plan perfectamente organizado de manera sistemática para crear el terror en las cárceles como afuera, pero todo eso te da fuerzas. Te fortalece el hecho de que vamos creando lazos de solidaridad, y a la que más necesitaba se la apoyaba, ya sea en comida, en lo que fuese necesario. Se sumaba el apoyo de la familia, de los amigos de afuera, auque eran cartas censuradas las que llegaban. Además de que ya teníamos una convicción, estábamos luchando por algo más justo para todos y todo esto te hace descubrir que tanto terror, represión y ensañamiento era porque lo que estábamos haciendo molestaba porque era la organización popular (…) En vez de ser la cárcel un lugar que te aplasta, que te destruye,  lo convertimos en un lugar donde había vida, donde se generaban  buenos sentimientos, donde se fortalecían valores. Le pusimos otra cara, hicimos resistencia dentro de la cárcel, resistimos a este plan finamente preparado en las calles, en las cárceles, en los campos de concentración.

E.I.:-¿Cómo vivieron el momento del reencuentro?

L.G.: Ella salió en el 82´, yo en el 83´.

L.M:  Pero antes hay una historia previa, que ha sido el primer contacto que tuvimos con él. Nos podíamos escribir con la familia que estaba afuera, tenías que comprobar vínculo para escribirte con tu familiar. En un momento de tanta denuncia a nivel internacional de lo que estaba pasando en Argentina (…), en el 79 viene la Convención Interamericana de Derechos Humanos a ver esta situación, y en las cárceles, en la de mujeres, es como que se trató de hacer “ciertos beneficios” (…), y ahí el hecho de que nos podamos escribir entre las cárceles con los familiares. Cuando se da la autorización, yo ya tenía comprobado el vínculo con Lucho, entonces sale mi carta hacia el penal de La Plata, y le llega. Era tanta la euforia que había llegado la carta de una de las compañeras, la única, porque yo era la única que ya tenía comprobado el vínculo, el resto tenía que comprobarlo para recién escribir. La carta que no era individual para él (Lucho), esa carta decía también cómo estábamos todas, porque no sabíamos, más allá de la familia que nos daba noticias. Esa carta llega y Lucho hace que circule para que la lean los otros compañeros (…) Llega a las manos de Plutarco Schaller, que hace una poesía de esa carta que se llama de “Lucila a Lucho”, una hermosa poesía, que la escribe luego de haber estado un año de tortura.  El poema  refleja cuán grande tenemos el corazón, la moral, que a pesar de ese horror que había vivido tenga la capacidad de transmitir  tanta energía y tanto amor en esa poesía

L.G.: La carta  era un saludo de las compañeras  a los compañeros.

E.I.: ¿Qué les gustaría  ver concretado a esta altura de sus vidas?

L.G.:Falta innumerables derechos, pero creemos que a pesar de los años, del tiempo fuimos concretando muchas cosas con el conjunto de la sociedad, que son válidas no para nosotros y no para conformidad de nuestras aspiraciones, sino para el conjunto de la sociedad que es para lo que luchamos. Nosotros  desde que nos incorporamos a los grupos juveniles siempre tuvimos un sentir colectivo, pensando en los que más necesitan, siempre estuvimos luchando por eso, aún estando aislados, solos y torturados nunca nos sentimos solos, porque creíamos que nuestra lucha era justa, y que era una lucha para el conjunto del pueblo (…) En algún momento construiremos mejores políticos, mejores legisladores, mejores funcionarios que puedan estar al frente y ser custodios de los mejores intereses de cada uno.

L.M.: Que se pueda concretar por lo que luchábamos en los ‘70, por lo que luchaban nuestros compañeros desaparecidos, los compañeros asesinados. El pueblo argentino luchaba por un mundo más justo, faltaría que lleguemos a eso, a donde todos tengan igualdad de posibilidad, a donde todos vivíamos con dignidad, a donde todos tengamos derechos que son una obligación desde el Estado. Sería, un poco, concretar ese mundo más justo, por el que luchábamos. Esa lucha sigue vigente.

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