El electricista privilegiado de Lomas de Zamora

Por Reynaldo Sarraute.
Cuentan que un conocido escritor, en los primeros meses del gobierno kirchnerista, cuando el país estaba en un infierno económico y social, le sugiere al flamante presidente: “Lo que tenés que hacer, flaco, es expropiar YPF”. A lo que Néstor, ungido con apenas un 22% de los votos, habría respondido: “Ayúdenme a movilizar un millón de personas a la Plaza de Mayo, exigiéndolo, y yo firmo”.

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En su larga e intensa militancia, tanto Néstor como Cristina, siempre tuvieron muy claro que “el fuego, para calentar, tiene que arder desde abajo” y de manera organizada. “Qué florezcan mil flores” -arengaba Néstor-, y en infinitas reuniones, repetía con entusiasmo las palabras del General Perón: “Necesito de ustedes, la Juventud, un ejército de CIEN MIL PREDICADORES…”. En esa escuela nos hemos formado, desde siempre, los peronistas y las demás organizaciones demócratas populares.

En este contexto surge ahora, contradictorio, el caso del electricista de Lomas de Zamora. “Tuvimos la casa, el auto, y eso que soy electricista”, le comentó él, muy agradecido, a Cristina Fernández de Kirchner, quien, poco después, reflexionaba: “¿Por qué me aclaró que era electricista? Se disculpaba de haber podido llegar a tener auto y casa porque era electricista. Daba por sentado que era un privilegiado y no me veía a mi como parte de un proyecto sino como un hada buena y no quiero que nadie me vea como un hada buena”.

La anécdota, sacude el entendimiento. Hay ahí una advertencia de lo que nos ocurrió en diciembre pasado, de que la derrota electoral no fue algo fortuito sino el resultado de un largo proceso.

Algo no hicimos bien en la década ganada. No fue suficiente nuestro trabajo militante. O no estuvo adecuadamente direccionado. No todas las Unidades Básicas permanecieron siempre abiertas. No todas funcionaron como ámbitos de debate de los problemas económicos, políticos, sociales, culturales, de la ciudadanía. No todas actuaron como verdaderos centros barriales de fomento de la unidad, la organización y movilización de las fuerzas del pueblo. La inserción de las organizaciones populares (el PJ, los partidos del FpV y otros), de nosotros sus militantes, en los territorios y en las organizaciones libres del pueblo, no alcanzó la densidad suficiente. Entonces, los representantes, no surgieron por lo general legitimados desde abajo, sino instituidos desde arriba.

Nos cabe a los peronistas, así como a los militantes de las demás organizaciones políticas del campo del pueblo, poner las barbas en remojo. Los errores (o debilidades), tienen una sana virtud. Podemos reconocerlos y aprender de ellos, elevar nuestro nivel de conciencia y encontrarles solución.

Las políticas públicas de los gobiernos kirchneristas ampliaron la democracia y los derechos ciudadanos, mejoraron el bienestar económico de la población, impulsaron el desarrollo de la industria nacional, de la ciencia y la tecnología, velaron activamente por el desendeudamiento, promovieron la soberanía nacional y la auténtica integración latinoamericana. Pero esas políticas beneficiosas para la mayoría, fueron más el fruto de la firme voluntad de los gobiernos de Néstor y Cristina, que la respuesta a una vigorosa interpelación ciudadana, popular, organizada.

El accionar del “abajo” (de la calle) quedó distante del accionar del “arriba” (el gobierno). No alcanzamos a construir en los hechos, con toda su fuerza, el poderoso axioma de que “sólo el pueblo salva al pueblo”.

Hoy, la historia, nos pone ante un particular desafío. Los dueños del poder económico, la oligarquía, las multinacionales y los fondos buitre, accedieron democráticamente al gobierno nacional y conducen, además, varios gobiernos provinciales y municipales. Y, democráticamente, debemos correrlos del gobierno (y del poder).

Los sectores más humildes de nuestro país están siendo cercados por el hambre. Los trabajadores (¡ni qué decir los jubilados y pensionados!) y las clases medias, comienzan a mirarse en el espejo de la pobreza. Las PYMEs industriales y de servicios, del campo y la ciudad, son acosadas inexorablemente por la bancarrota empresarial. La ciencia y la tecnología soberanas se desgranan, una vez más, en presupuestos que mandan a científicos y técnicos a lavar los platos. Profesionales de toda índole, maestros, profesores, artistas, estudiantes ven encogerse las posibilidades de esa clase media en la que se sienten contenidos.

¿Aprendimos la lección? Si tal es así, debemos asirnos con firmeza a ese otro axioma que tiene vigencia permanente en la vida de los pueblos: “donde existe una necesidad, nace un derecho”.

El gobierno de Cambiemos aplica una política bestial, que está en las antípodas de sus promesas de campaña. En todos los sectores sociales del campo del pueblo, unos más otros menos, crecen unidad, organización y movilización en defensa de sus derechos y los del país.

Y nosotros debemos aplicar la única política posible para ganar en las elecciones de 2017, preludio indiscutible de las de 2019: proponernos ser la más sólida, hábil y consecuente expresión de la oposición popular.

La grave situación actual impone que militemos junto (¡bien junto!) a todos los sectores populares. Inserción, más inserción y mejor inserción en los barrios y en la organizaciones libres del pueblo, debe ser nuestra consigna. Así como agitar (tanto como sea posible) desde todos los medios y, especialmente, desde las redes sociales.

Trabajemos por la unidad del peronismo. Fortalezcamos al Partido Justicialista como principal fuerza política opositora y como locomotora de la unidad de un amplio y generoso frente electoral nacional y popular.

Nota de Opinión de Reynaldo Sarraute, Miembro del Secretariado Nacional de OCTUBRES.

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